Un día infinito, en una noche oscura caminando por las calles más oscuras del pueblo.
Encontré un banco cerca de un pequeño parque. Los columpios estaban oxidados y el tobogán ni siquiera resbalaba. Hacía viento. Intenté refugiarme de el escondiéndome dentro de una casita de madera que había. Mientras dejaba pasar el tiempo,pensaba en cómo podría llegar hasta casa sin tener miedo a la oscuridad. Pero era imposible. Apenas eran las tres de la madrugada. Sin embargo, lo hice. Me levanté aterrada, helada de frío y empecé a caminar. Unas cuantas farolas iluminaban todos y cada uno de mis pasos ligeros. Y derrepente oí , a lo lejos, un aullido de perro rabioso y desesperado por encontrar algo para comer. Yo, al escucharlo, paré en seco y todo quedó en silencio. Pensé que no estaba segura quedándome quieta sin hacer nada mientras aquel perro podría estar muy cerca de mí. Empecé a correr sin rumbo a dónde ir. El helado viento soplaba fuerte en mi cara. Mis manos estaban fuera de mis pequeños bolsillos de aquella chaqueta fina marrón. Mis piernas daban pasos gigantes aunque no pudieran. Mi cuerpo estaba lleno de nervios, adrenalina pura. Al ver que no llegaba a ningún sitio donde podría estar a salvo, empezaron mis ojos a derramar lágrimas sin control. Necesitaba a alguien. Alguien que me dijera por donde guiar mis pasos que ya cansadísimos estaban. Pero nadie venía. Casi una hora intentando escapar de aquel perro que mi imaginación decía tener. Hasta que al fin saqué valentía de donde quiera que sepa y me enfrenté a mis miedos. Por que simplemente era eso. El miedo que en mi habitación, dormida estaba, me hacía soñar cada noche aquella maldita pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario